| Hay años donde escribir
sobre periodismo resulta un ejercicio natural. Ahora parece
que hubiera que escribir para defender el derecho mismo a
ejercerlo.
Paradójicamente, gran parte de la
energía narrativa de estos meses no estuvo puesta
en escribir aquella editorial, sino en defender el oficio.
Entre fake news, amenazas sobre derechos laborales, agresiones
verbales, presiones judiciales y un clima creciente de deslegitimación
hacia la prensa, el debate dejó de girar alrededor
de las noticias para concentrarse en cuestionar a quienes
las cuentan.
Y empiezo a preguntarme si ese desgaste
colectivo no forma parte del verdadero mecanismo de control.
Cuando una sociedad vive atrapada únicamente
en la coyuntura, algo más profundo comienza a deteriorarse.
Porque el problema ya no es solamente el periodismo: es
la capacidad colectiva de pensar, discutir y comprender
la realidad sin odio permanente.
Aun así, hay algo que no pienso
resignar. El derecho a ser lo que otros no quieren que sea.
Y quizás por eso las advertencias
que hoy empiezan a surgir desde distintas entidades periodísticas
ya no deberían leerse solamente como disputas sectoriales.
El problema excede a los periodistas. Empieza a involucrar
el modo en que una sociedad tolera -o deja de tolerar- la
existencia de voces intolerantes.
En ese contexto, la Asociación de
Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), que agrupa
a gran parte de los medios del país, repudió
esta semana las constantes agresiones del presidente Javier
Milei contra periodistas, situación que se intensificó
en los últimos días con ataques directos hacia
Débora Plager y Marcelo Bonelli.
"ADEPA reitera que la crítica
y la réplica son parte del debate democrático.
El insulto y la estigmatización personal, especialmente
cuando provienen de la máxima autoridad del Estado,
generan un clima de hostilidad e intimidación que
afecta el libre ejercicio del periodismo y, con él,
el derecho a la información de toda la ciudadanía",
expresó la entidad en un comunicado.
En la misma línea, ADEPA manifestó
además su seria preocupación y rechazo por
la medida cautelar dictada por el juez Walter Federico Saettone,
titular del Juzgado de Garantías N° 7 de Pilar,
a partir de una denuncia penal presentada por Claudio Tapia,
presidente de la Asociación del Fútbol Argentino
y del CEAMSE, contra distintas personas, entre ellas varios
periodistas.
La resolución impone restricciones
de contacto y acercamiento, además de ordenar la
abstención de difundir datos personales, imágenes
o información vinculada al ámbito privado
y familiar del denunciante. Sin embargo, el fallo no describe
hechos concretos que permitan atribuir a los periodistas
involucrados la posible comisión de un delito, ni
siquiera bajo el criterio de provisionalidad propio de una
medida cautelar.
Según señaló ADEPA,
el eje de la acusación contra los periodistas estaría
centrado en la decisión editorial de sostener la
cobertura informativa sobre el denominado caso "AFA".
Porque cuando el periodismo deja de ser
discutido por lo que publica y empieza a ser perseguido
por existir, el problema ya no es solamente periodístico:
es existencial.
Y entonces recuerdo aquellas imágenes
de fotógrafos apoyando la cámara en el suelo
en lugar de tomar la instantánea.
¿Será esa
la verdadera idea?
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