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Las ciudades tienen una forma muy particular
de recibir a quienes crecieron en ellas y lograron cumplir
un sueño. No importa si vuelven con un campeonato
o con un subcampeonato. Lo importante es que vuelven.
Quieren verlos de cerca, reconocer en ellos al chico de
la escuela, del club o de la esquina de siempre y comprobar
que, a pesar del éxito, siguen siendo uno de los
suyos.
Nicolás González podría
haber elegido descansar en silencio junto a su familia
y sus amigos. Sin embargo, decidió recorrer las
mismas calles donde dio sus primeros pasos, saludar a
quienes lo acompañaron desde chico y regalarles
una tarde que Belén de Escobar difícilmente
olvide. Durante más de una hora no hubo apuros:
hubo tiempo para mirar, escuchar, sonreír y devolver,
uno por uno, los saludos de una ciudad que salió
a abrazarlo.
Uno de los momentos más significativos
de la jornada se produjo antes del acto central, cuando
se encontró con un grupo de excombatientes de Malvinas.
Mientras muchos buscaban fotografiarse con él,
Nico eligió correr el foco sobre sí mismo
y señaló a quienes llevaba enfrente: "Los
héroes son ellos", dijo, despertando un cerrado
aplauso de los presentes.
Poco después de las cuatro de la
tarde, la autobomba de los Bomberos Voluntarios comenzó
a avanzar lentamente desde el cuartel. A bordo viajaba
el futbolista, que saludó sin descanso mientras
una verdadera marea de personas acompañaba el recorrido.
Algunos caminaban detrás del vehículo; otros
aguardaban en cada esquina con camisetas argentinas, banderas
y teléfonos celulares en alto para registrar el
momento.
La columna avanzó por Colón
hasta Tapia y desde allí continuó por Hipólito
Yrigoyen a paso de hombre. Cada cuadra parecía
sumar más vecinos. Familias enteras, chicos sobre
los hombros de sus padres, clubes de barrio, antiguos
compañeros de escuela y simples curiosos formaban
parte de una celebración espontánea que
transformó el centro de Belén de Escobar
en una verdadera fiesta popular.
Al llegar a la plaza General San Martín,
la autobomba debió abrirse paso con dificultad
entre la multitud. Frente al Colegio Santa María
se improvisó el acto principal. Desde lo alto del
vehículo, micrófono en mano, Nicolás
González no ocultó su sorpresa.
"Jamás me imaginé
esta cantidad de personas. Estoy feliz por todo lo que
logramos juntos. Que me estén bancando desde el
primer día es un orgullo, algo que jamás
voy a olvidar. Ahí están mis amigos, ni
ellos se imaginaron dónde iba a estar. Quiero agradecerles
a todos ustedes porque son increíbles. Gracias
de corazón".
Unos minutos después volvió
a tomar la palabra y dejó otra confesión
que reflejó el impacto que le produjo el recibimiento.
"Jamás pensé que
Escobar me iba a recibir de esta manera. Ver a aquel nene
que se ensuciaba para ir a jugar a la pelota con sus amigos,
que creció en un lugar humilde como el barrio Stone,
recibir hoy todo este homenaje... No me lo esperaba, nunca
lo imaginé. Es un sueño, algo que jamás
esperé y que se dé de esta forma es increíble".
Durante el homenaje recibió un
reconocimiento oficial y se anunció que será
declarado Vecino Ilustre del partido de Escobar, una distinción
que amplía el reconocimiento otorgado en 2021,
cuando fue declarado Ciudadano Destacado del Deporte Nacional
e Internacional.
Nacido el 6 de abril de 1998, Nicolás
González comenzó a jugar al fútbol
en el Club Sportivo Escobar y en el Club Atlético
Belén antes de incorporarse a Argentinos Juniors,
donde inició el camino que lo llevaría al
fútbol europeo. Luego vistió las camisetas
del Stuttgart de Alemania, Fiorentina y Juventus de Italia,
y actualmente integra el plantel del Atlético de
Madrid. Con la Selección Argentina conquistó
la Copa América 2021, la Finalissima 2022 y la
Copa América 2024.
En el Mundial de 2026 participó
en siete de los ocho encuentros del seleccionado argentino
y fue titular en la final frente a España, consolidándose
como una de las piezas habituales del ciclo de Lionel
Scaloni. Su entrega, intensidad y versatilidad volvieron
a convertirlo en un jugador importante dentro del equipo
nacional.
Cuando la autobomba dejó atrás
la plaza y continuó su recorrido, la multitud siguió
caminando unos metros más, como si nadie quisiera
que la tarde terminara. Nicolás González
volvió al lugar del que salió hace casi
dos décadas convertido en un futbolista de elite.
Pero por unas horas dejó de ser el jugador de la
Selección para volver a ser simplemente aquel chico
que soñaba con una pelota.
Porque hay reconocimientos
que no los entregan los dirigentes ni los consagran las
estadísticas: los concede la memoria de un pueblo.
Y esa tarde, Escobar le hizo saber que, más allá
de los títulos y de los estadios del mundo, nunca
había dejado de ser uno de los suyos.
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