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Quiero agradecerte por estar del otro
lado. Porque en tiempos donde todo parece medirse por
algoritmos, clics y velocidad, todavía hay personas
que eligen leer, pensar, discrepar con respeto y acompañar
un proyecto periodístico independiente.
Algunos nos conocen desde hace casi treinta años
en Internet. Y todavía quedan quienes comenzaron
a leernos cuando nuestras palabras llegaban impresas en
papel, hace ya cincuenta años. Otros llegaron hace
poco. Pero todos forman parte de una comunidad que cree
que todavía vale la pena hacer periodismo con criterio,
memoria y principios.
La amistad también es eso: elegir permanecer cuando
no existe obligación de hacerlo. Es valorar la
confianza que se construye con los años y seguir
caminando juntos, aun cuando los caminos cambien.
Con el paso de la vida aprendí que no todas las
personas ocupan el mismo lugar en nuestro corazón.
Hay conocidos, compañeros, afectos circunstanciales
y están los amigos, esa palabra que suelo reservar
para muy pocos.
Sin embargo, también entendí que la amistad
no siempre depende de la cantidad de años compartidos.
A veces nace en una conversación inesperada; otras,
se fortalece durante toda una vida. No es una cuestión
de tiempo ni de antigüedad, sino de autenticidad.
Cada vínculo encuentra su propia manera de hacerse
valioso.
Gracias por acompañarnos desde hace tantos años
o por haberte sumado hace apenas unos días. En
ambos casos, el valor es el mismo: estar.
Por eso, si estas palabras llegaron hasta vos, es porque
de alguna manera nuestras vidas se cruzaron. Tal vez seas
un amigo de toda la vida, alguien con quien compartí
apenas un tramo del camino o simplemente una persona con
la que el destino quiso que coincidiera. En cualquiera
de esos casos, sentí ganas de hacerte llegar este
abrazo hecho palabras.
Quizás por eso, más que contar amigos, prefiero
agradecerlos. Cada uno llegó a mi vida por un motivo
distinto y ocupa un lugar que ningún otro puede
reemplazar.
Porque, al fin y al cabo, la amistad no siempre se explica.
A veces simplemente ocurre. Y cuando ocurre de verdad,
deja una marca que el tiempo no consigue borrar.
¡Feliz Día del Amigo!... amigo.
Jorge Carusso
El Sitio de Escobar
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