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Las denuncias de vecinos fueron el punto
de partida. Los disturbios recurrentes en una vivienda
de Ingeniero Maschwitz terminaron derivando en una inspección
conjunta del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos
Aires y la Municipalidad de Escobar que concluyó
con la clausura de un centro de rehabilitación
de adicciones que funcionaba de manera clandestina.
Según se informó oficialmente,
el establecimiento no contaba con la habilitación
correspondiente para desarrollar este tipo de actividades
y llegó a albergar hasta 24 personas internadas.
La situación resulta especialmente sensible porque
la legislación vigente reserva los tratamientos
con internación para instituciones específicamente
autorizadas y bajo determinados estándares sanitarios
y profesionales.
Durante el procedimiento, los inspectores
detectaron además una serie de irregularidades
vinculadas a las condiciones de funcionamiento del lugar.
Entre ellas se encontraron alimentos vencidos y numerosas
deficiencias relacionadas con la seguridad y la higiene,
aspectos considerados esenciales en cualquier espacio
destinado al cuidado de personas.
La intervención fue realizada por
áreas provinciales y municipales, en un operativo
que puso bajo observación no sólo la situación
administrativa del establecimiento sino también
las condiciones en las que eran asistidos sus residentes.
Fuentes municipales señalaron que
toda la documentación reunida durante las actuaciones
fue remitida a las áreas legales correspondientes
para evaluar los pasos a seguir. Entre las alternativas
que se analizan figura la posibilidad de promover una
denuncia penal contra los responsables del centro, en
función de la gravedad de las irregularidades detectadas.
El caso vuelve a poner en discusión
una problemática que suele desarrollarse lejos
de la mirada pública: la proliferación de
espacios que ofrecen tratamientos para personas con consumos
problemáticos sin contar con las habilitaciones,
controles y equipos profesionales exigidos por la normativa
vigente.
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