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En medio de la caída de recursos,
la retracción económica y el repliegue del
Estado nacional en distintas áreas sensibles, un
grupo cada vez más amplio de intendentes de distintas
fuerzas políticas comenzó a consolidar un
espacio de articulación federal que intenta combinar
gestión, reclamos institucionales y construcción
territorial. El fenómeno tomó fuerza en
las últimas semanas con la formalización
del Consejo Federal de Intendentes (COFEIN), una estructura
que reúne a jefes comunales de grandes ciudades
del país bajo una lógica de trabajo en red.
La iniciativa, que tuvo uno de sus encuentros
recientes en la ciudad de Rosario, exhibe una particularidad
poco habitual en la política argentina actual:
reúne dirigentes de perfiles ideológicos
diversos, desde sectores del peronismo hasta radicales
y referentes provinciales, atravesados por una preocupación
común vinculada al deterioro financiero de los
municipios.
Entre los principales impulsores aparece
el intendente de Córdoba, Daniel Passerini, recientemente
designado presidente del espacio, junto a dirigentes como
Pablo Javkin, Ariel Sujarchuk, Federico Achával
y Mariano Gaido, entre otros.
Desde el espacio sostienen que el objetivo
central no es electoral sino operativo: compartir herramientas
de gestión, coordinar políticas urbanas
y generar estrategias comunes frente a problemas que,
aseguran, ya no pueden resolverse de manera aislada. Transporte,
infraestructura, digitalización, transición
energética y financiamiento municipal aparecen
entre los ejes prioritarios.
Passerini planteó que "el
desafío no es sumar nombres a una lista, sino integrar
realidades a un proyecto de país", al tiempo
que insistió en que la discusión actual
debe enfocarse en la gestión y no en el calendario
electoral. En la misma línea, varios intendentes
rechazaron las interpretaciones que leen el crecimiento
del COFEIN como el embrión de un futuro armado
político de centro o una alternativa transversal
frente a la polarización nacional.
Sin embargo, alrededor del espacio también
comenzaron a crecer lecturas políticas inevitables.
La amplitud partidaria de la liga, la buena relación
entre intendentes de distintos signos y la coincidencia
en críticas hacia el Gobierno nacional alimentaron
especulaciones sobre una posible construcción de
volumen político hacia el futuro. Algunos observadores
ven incluso una articulación silenciosa con ciertos
gobernadores, aunque públicamente nadie lo reconoce.
Uno de los dirigentes que más claramente
expresó la preocupación municipal fue Ariel
Sujarchuk, quien cuestionó el esquema de distribución
de recursos nacionales y sostuvo que "el equilibrio
fiscal es una meta que compartimos y practicamos, pero
es ilegal e inmoral si se financia con el despojo a las
provincias y municipios".
El jefe comunal de Escobar, con un perfil históricamente
dialoguista, logró construir vínculos sostenidos
en el tiempo con intendentes de distintos signos políticos,
una característica que hoy le permite moverse con
fluidez dentro de este armado transversal. A eso se suma
su cercanía con Axel Kicillof, con quien -según
se puede ver- mantiene encuentros cada vez más
frecuentes para analizar la situación económica
y el escenario político actual.
El reclamo conjunto apunta especialmente
a la retención de fondos vinculados al transporte
público, educación, discapacidad y obras
públicas, además de una mayor participación
municipal en el reparto del impuesto a los combustibles
y de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Según
los intendentes, gran parte del ajuste económico
terminó trasladándose a los gobiernos locales,
que son quienes deben absorber la demanda social cotidiana.
Desde la óptica de los jefes comunales,
el problema ya dejó de ser solamente financiero
para convertirse también en una cuestión
institucional. Sostienen que mientras el Gobierno nacional
concentra su estrategia en las variables macroeconómicas,
son los municipios quienes quedan expuestos frente al
reclamo directo de los vecinos por servicios, asistencia
y mantenimiento urbano.
Del otro lado, sectores cercanos al oficialismo
nacional interpretan estos movimientos con cautela. Algunos
consideran que detrás del discurso de gestión
compartida existe un intento de reconstrucción
política de estructuras tradicionales afectadas
por el nuevo escenario económico y electoral. También
señalan que el Gobierno sostiene una política
de equilibrio fiscal que busca terminar con años
de déficit estructural y que la reducción
de transferencias forma parte de ese esquema general de
ordenamiento.
En ese contexto, el COFEIN intenta moverse
en una zona delicada: evitar quedar atrapado en una confrontación
partidaria abierta, pero al mismo tiempo visibilizar el
impacto concreto que la crisis económica tiene
sobre las administraciones locales.
La creación de esta liga federal
de intendentes expone además un fenómeno
más profundo: el creciente protagonismo de los
gobiernos municipales en una Argentina donde muchas veces
las demandas sociales llegan primero al mostrador local
antes que a las estructuras provinciales o nacionales.
Mientras la discusión política
nacional continúa dominada por la confrontación
y la lógica electoral permanente, los intendentes
buscan instalar otra narrativa: la de la gestión
cotidiana como primera línea de contención
frente a una crisis que todavía no encuentra un
punto de estabilidad definitiva.
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