Hay vecinos que lo evitan a toda costa.
Otros, los desprevenidos, quedan atrapados sin saber por
qué. Y están los resignados, que enfrentan
el cruce con la certeza de que perderán parte de
su tiempo -y algo de su paciencia- en una trampa de acero,
bocinas y humo que eleva el estrés a niveles de
autopista.
En la intersección de la colectora
de Panamericana y la avenida De los Inmigrantes, a la
altura del kilómetro 51, el caos vial se volvió
parte del paisaje. Y cada intento por resolverlo parece,
hasta ahora, agravar el problema.
Esta semana, el Municipio de Escobar elevó
un reclamo formal a Autopistas del Sol (AUSOL), empresa
concesionaria de la traza, por el impacto negativo del
nuevo semáforo colocado en el paso bajo autopista.
La medida -que no fue coordinada con las autoridades locales
ni forma parte del plan de renovación semafórica
del distrito- generó fuertes embotellamientos en
horarios pico y los fines de semana, afectando la circulación
en ambas colectoras y en una de las arterias más
transitadas del partido.
El reclamo, impulsado por la Agencia Municipal
de Tránsito y Transporte, propone la suspensión
del funcionamiento del semáforo "al menos
hasta tanto se evalúe una solución integral
de ordenamiento vial en dicho cruce". No es la primera
vez que se intenta algo: el mismo dispositivo ya había
sido instalado en otra oportunidad y fue retirado por
causar largas colas de vehículos, incluso sobre
la autopista misma. También se implementaron operativos
con preventores municipales, sin resultados significativos.
La gestión local sostiene desde
hace tiempo una propuesta concreta para el ordenamiento
de las colectoras: establecer un único sentido
de circulación por mano, lo que permitiría
mejorar los flujos de tránsito y reducir la congestión
estructural. Sin embargo, esa medida requiere el aval
de Vialidad Nacional y la disposición de la empresa
concesionaria, lo que ha trabado su implementación.
Mientras tanto, el problema sigue sin
resolverse. Los vehículos se acumulan, los tiempos
se estiran y la frustración crece en un cruce donde
las decisiones parecen pensadas desde la distancia. Como
si quienes las toman nunca hubieran quedado atrapados
ahí, entre bocinas, vidrios cerrados y un reloj
que avanza sin contemplaciones.
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