"Una mirada distinta de la realidad,
ni mejor ni peor,
solo distinta"

El Sitio de Escobar - Prov. de Bs. As. - Argentina


Desde el 12-04-1998
en la red
Menú rápido | ir abajo

Mundo-Tech | Opinión |

Las huellas del tiempo

OpenAI empezará a poner marcas invisibles a los textos generados por ChatGPT y Codex

¿Qué tanto nos pertenecen nuestros escritos? ¿Acaso no son, en alguna medida, un subproducto de nuestras interacciones, de lo que aprendimos de nuestros maestros, de nuestras lecturas, de las conversaciones que mantuvimos y de las experiencias que nos atravesaron?


12 de octubre de 2026

Fuente del contenido | @escobarsite
Autor | @jorgecarusso
Contenido originalmente exclusivo para suscriptores - Ahora disponible para todo público

Sobre la firma

La sociedad, con el tiempo y a fuerza de golpes, intentó encontrar en los escritos las huellas de sus autores. De aquellos en quienes confía, de quienes refuerzan sus convicciones o de quienes ofrecen garantías sobre lo que dicen, como si la firma fuera una marca que certifica una calidad aceptable.

Pero esas huellas comienzan a ser más difíciles de reconocer. Ya no resulta sencillo seguirlas entre los camuflajes y los recursos de la tecnología. Porque, en definitiva, una máquina puede ayudar a identificar el origen probable de un texto, pero todavía queda una pregunta que ningún algoritmo resuelve por sí solo: ¿cuánto de lo escrito pertenece a la herramienta y cuánto a la persona que la utilizó?

Es más, voy a redoblar la apuesta: ¿qué tanto de lo que estoy escribiendo es mío y qué tanto pertenece a quienes contribuyeron a mi formación?

¿Qué quedó en mí de aquel maestro de sexto grado que me daba como tarea recortar notas de los diarios y analizarlas? ¿Cuánto hay de mi querida profesora de Literatura del tercer año del bachillerato? ¿Y qué decir de Claudio España, mi profesor de la Facultad?

Podría seguir. Hay rastros de mis talleres online con Adriana Amado, Carlos Fara y tantos otros. ¿Acaso me transmitieron sus conocimientos con la consigna de que nunca los utilizara en mis escritos? ¿O, por el contrario, esperaban que pudiera apropiarme de aquellas herramientas, ponerlas a prueba y encontrar mi propia manera de utilizarlas?

¿Para qué nos capacitamos? Supongo que para crecer. ¿Y qué hacemos después con ese crecimiento? ¿Lo dejamos estancado o lo transmitimos? ¿Acaso el conocimiento que recibimos no cobra también sentido cuando lo ponemos en circulación y permitimos que otros lo incorporen a su propia experiencia?

También podría recurrir a los libros, a los editoriales televisivos, a las conversaciones y a tantas otras fuentes que fueron moldeando mi manera de pensar.

¿Acaso no estamos haciendo algo semejante a lo que hace la inteligencia artificial cuando incorpora información, reconoce patrones y produce algo nuevo a partir de lo aprendido?

El autor y sus huellas

Creemos que un texto nos pertenece porque lo escribimos, pero, cuando lo publicamos, deja de estar bajo nuestro control. Cada lector lo interpreta desde su propia historia y puede encontrar en él algo que nosotros nunca imaginamos.

En última instancia, lo que escribimos también es producto de nuestras interacciones. Nada es absolutamente propio en el sentido de haber surgido de la nada: nuestras ideas se forman, se contrastan y se transforman a partir de aquello que recibimos de los demás.

Entonces, ¿qué nos pertenece realmente?

El proceso de elaboración puede ser nuestro, pero no necesariamente lo son todas las piezas con las que trabajamos. Un armado particular dará como resultado un producto con una perspectiva distinta, impuesta por la mirada del escritor y sostenida por un andamiaje de conocimientos que no construyó en soledad.

Los datos y las ideas pueden provenir de fuentes externas, pero, para que se conviertan en una historia y adquieran un propósito, deben ser seleccionados, ordenados, relacionados, interpretados y expresados. En ese recorrido aparecen la perspectiva, los adjetivos, las licencias y, por qué no, también los errores.

Y en ese berenjenal está el autor. Ahí estoy yo.

Los escritos también son hijos

Quizás debamos pensar en nuestros escritos como hijos. Los concebimos, les damos forma, corregimos sus defectos, intentamos transmitirles algo de lo que somos y, finalmente, los dejamos salir al mundo. Durante un tiempo nos reconocemos en ellos, creemos conocerlos y hasta suponemos que podemos explicar lo que quisimos decir. Pero llega el momento en que comienzan a andar solos.

Cada lector los recibe desde su propia historia, sus convicciones, sus conocimientos y sus prejuicios. Algunos encontrarán en ellos algo que nunca imaginamos; otros interpretarán nuestras palabras de una manera que jamás hubiéramos previsto. Incluso habrá quienes se apropien de una idea, la transformen y la utilicen para construir otra.

Entonces, ¿siguen perteneciéndonos de la misma manera o son como hijos que, al llegar a la mayoría de edad, buscan su propio camino?

Un escrito puede conservar nuestra firma, pero su significado ya no depende exclusivamente de nosotros. Ha comenzado otro ciclo, una nueva vida en la que el autor deja de tener la última palabra. Como sucede con los hijos, podemos reconocer su origen sin pretender controlar su destino.

Dicho de otro modo: nuestros escritos llevan algo de nuestro ADN intelectual, pero, a medida que circulan, se van cargando de nuevas capas de contexto. Cada lector agrega una interpretación, una experiencia o una pregunta que puede modificar la manera en que esas palabras son comprendidas.

Lo importante no es cuánto de lo que escribimos nos pertenece, sino qué hacemos con aquello que recibimos de los demás, cómo lo utilizamos, cómo respetamos las fuentes y si somos capaces de agregarle algún valor.

Porque nadie comienza a pensar desde cero. Somos, en parte, las palabras que nos enseñaron, las ideas que discutimos, los libros que nos modificaron y las experiencias que dejaron alguna marca en nuestra manera de mirar el mundo.

Quizás la originalidad no consista en carecer de huellas ajenas, sino en la forma singular en que las reunimos, las cuestionamos y las transformamos.

Después de todo, los escritos también son hijos de su tiempo y de sus circunstancias. Llevan algo de quienes los hicieron posibles, aunque sus autores no siempre puedan reconocerlo. Y cuando salen al mundo, dejan de ser solamente nuestros: pasan a formar parte de la historia de quienes los leen.

La inteligencia artificial nos obliga a preguntarnos por las marcas invisibles de una máquina. Pero quizá esa pregunta también nos permita descubrir las que llevamos dentro desde mucho antes de que existieran los algoritmos.

Porque, al final, escribir puede ser una manera de dejar una huella propia con las marcas de muchos otros. Y tal vez allí resida el verdadero misterio de la autoría: no en haber escrito sin la influencia de nadie, sino en haber logrado decir algo propio con todo aquello que la vida nos dejó.

NOTAS RELACIONADAS




Sobre la Firma
                 @jorgecarusso | linkedin.com/in/jorgecarusso | 
                 Periodista - Matr. 14.856 Ley 12.908 

 

 









Titulares

Seguinos | Recomendanos | Publicita con nosotros
Si crees que nuestro medio contribuye a la difusión constructiva, al crecimiento social en base a una comunicación honesta y a la concordia más que a la discordia... te invitamos a que nos compartas en tus redes sociales favoritas.
compartir esta nota en tus redes: Twitter | Facebook

© Prohibida su reproducción sin la autorización de los autoresintelectuales. Los artículos publicados en la columna de opinión son de responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de los editores de este portal. DECLARADO: de interés Municipal - dec. 462/99 - de interés Legislativo - Resolución 1728/19 - (c) Hecho el deposito que establece la ley Nº 11723 - RNPI Nº 915167 / 2011

Turismo
Historia local
Cultura
Plano
El Municipio
H. C. D.
Salud
Publicidad
Turnos

| Condiciones Generales de Uso | Preguntas frecuentes (FAQ) |
Ver. 3.0- 2019