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A tres días del cierre de listas,
el peronismo bonaerense transita una negociación
contrarreloj que podría redefinir su equilibrio
interno. Axel Kicillof aceptó presidir el Partido
Justicialista provincial, pero el acuerdo final aún
no está cerrado y las desconfianzas cruzadas mantienen
la incertidumbre abierta.
La movida apunta a evitar una interna
que, en el contexto actual, podía derivar en una
confrontación difícil de contener. El gobernador,
que inicialmente prefería delegar el cargo en un
dirigente de su confianza, terminó aceptando asumir
personalmente para descomprimir tensiones y ordenar el
escenario político.
"La unidad no se
proclama: se negocia cargo por cargo."
Aunque fue Máximo Kirchner quien
transmitió la propuesta para que Kicillof encabece
el partido, el anuncio formal se demora. En el entorno
del mandatario recuerdan antecedentes recientes donde
acuerdos aparentemente cerrados se desarmaron a último
momento, lo que alimenta la cautela.
El verdadero conflicto:
quién controla el partido
Con la presidencia encaminada, la disputa
se trasladó al armado del Consejo Directivo y el
Congreso partidario, estructuras clave para definir estrategias
electorales y funcionamiento interno.
Desde el sector del gobernador plantean
una condición central: que el PJ acompañe
la gestión provincial y deje atrás la lógica
de "doble comando" que marcó etapas anteriores.
"Kicillof no quiere
presidir una cáscara vacía."
En ese marco, la condición explicitada
por el mandatario es contar con un respaldo total de intendentes
y sectores internos. La negociación, según
admiten distintos referentes, avanza "lenta pero
firme", con el objetivo de evitar fracturas en el
principal distrito electoral del país.
El kirchnerismo había impulsado
alternativas como Federico Otermín o Leonardo Nardini,
mientras que desde el espacio del gobernador se promovía
inicialmente a Verónica Magario. Las resistencias
cruzadas terminaron convergiendo en la opción del
propio Kicillof como figura de consenso.
Un cambio más profundo
en la estructura del poder
El movimiento también marca un
cambio más profundo dentro del peronismo bonaerense.
Durante años, la estructura partidaria funcionó
como un espacio con lógica propia, muchas veces
separado de la conducción del gobierno provincial.
La eventual llegada de Kicillof al PJ implicaría
invertir ese esquema: que el gobernador pase a ordenar
al partido y no al revés, un reacomodamiento que
redefine equilibrios internos y anticipa discusiones sobre
liderazgos futuros dentro del espacio.
"Primero ordenar
la casa propia, después discutir el liderazgo nacional."
El debate excede así la conducción
formal del partido. Para el gobernador, ordenar el PJ
bonaerense aparece como un paso estratégico pensando
en la construcción política hacia 2027,
con la premisa de alinear estructura partidaria y gestión,
replicando modelos provinciales donde el partido funciona
como respaldo del Ejecutivo y no como un espacio de disputa
permanente.
Sin embargo, la negociación sigue
atravesada por recelos internos. En La Plata mantienen
abierta la alternativa de Verónica Magario como
carta de contingencia, señal de que la confianza
entre los principales sectores aún no está
completamente consolidada.
Escobar: unidad local
en medio de la negociación provincial
Mientras en la provincia se negocia el
equilibrio de fuerzas, en Escobar el escenario mostró
una dinámica diferente. El intendente Ariel Sujarchuk
logró conformar una lista de unidad que le permitirá
continuar al frente del PJ local por un nuevo período.
El armado incluyó representantes
de distintas agrupaciones, sectores gremiales, juventudes
y espacios internos, en un intento por consolidar un esquema
plural y evitar disputas internas.
"La lista es una síntesis
política que busca fortalecer la organización
partidaria y consolidar un esquema amplio", expresó
Sujarchuk al confirmar su candidatura.
La experiencia local refleja un fenómeno
que se replica en varios distritos: la búsqueda
de acuerdos territoriales para evitar tensiones que puedan
escalar hacia la discusión provincial.
"La sangre no llegó
al río, pero salpicó la orilla."
Una unidad en construcción
El interrogante central sigue abierto:
¿se trata de una verdadera lista de unidad o de
una tregua transitoria para evitar un conflicto mayor?
Con el cierre de listas cada vez más
cerca, el peronismo bonaerense intenta sellar un acuerdo
que ordene liderazgos sin profundizar grietas internas.
Si finalmente Kicillof asume la conducción partidaria,
el desafío será transformar ese consenso
negociado en una conducción efectiva capaz de sostener
la cohesión política en un escenario electoral
complejo.
Por ahora, la foto es de negociación
permanente y equilibrios frágiles. El resultado
final -y el rol que terminen ocupando los intendentes
en ese nuevo esquema- podría terminar de definirse
en las próximas horas y abrir un nuevo capítulo
dentro del peronismo bonaerense.
Cierre
En el peronismo bonaerense nadie discute ya que el tiempo
de las definiciones llegó, pero sí cómo
y bajo qué reglas se reordenará el poder
interno. La eventual conducción de Kicillof podría
marcar el inicio de una nueva etapa o apenas una pausa
en una disputa más profunda que todavía
no encontró síntesis definitiva. Mientras
las negociaciones continúan, una pregunta queda
flotando: si la unidad que se construye alcanza para ordenar
el presente o si solo busca ganar tiempo antes del próximo
capítulo.
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