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Buscando la fotografía más
adecuada para ilustrar la despedida de Jesús "Cacho"
Angioi me encontré con distintas etapas de su vida
política. El joven dirigente, el hombre de traje
en los actos, el militante, el concejal, el referente
de Garín que durante décadas ocupó
un lugar central dentro del peronismo escobarense.
Pero no encontré las fotos de sus
últimos tiempos. Las de las charlas de retiro,
las de la memoria compartida, las de esos momentos donde
un dirigente deja de ser personaje público para
convertirse simplemente en un hombre contando su historia.
Porque esas imágenes no existen
en un archivo ni en una carpeta. Son instantáneas
que la vida va dejando en el espíritu de quienes
tuvieron la oportunidad de compartir una charla, una discusión,
una anécdota o simplemente un momento.
Los grandes dirigentes locales suelen
quedar más vivos cuando aparecen en sus gestos
cotidianos: una frase, una manera de saludar, una puerta
que abrían, una conversación que podía
extenderse mucho más de lo previsto.
Cacho Angioi perteneció a una generación
de dirigentes de una época que difícilmente
vuelva a repetirse. No porque todo tiempo pasado haya
sido mejor, sino porque la política, como la sociedad,
cambia, evoluciona y transforma sus formas más
allá de nuestros propios juicios.
Sus últimos días transcurrieron
en un departamento ubicado a pocos metros de su lugar
de trabajo durante tantos años: el Palacio Municipal
de Escobar. Allí permaneció mientras su
salud se lo permitió, y fue en ese lugar donde
pude conocer no al Cacho del final, sino al hombre que
compartía recuerdos.
Y para un periodista, eso es más
que una entrevista. Es un privilegio.
Ahí aparece la humanidad. Ahí
comienza verdaderamente el relato.
Cuando me veía pasar insistía:
-Subí, tomemos algo y charlemos
un rato.
Era la invitación de quien todavía
necesitaba volver a escena, aunque fuera a través
de la memoria. Entonces surgían las anécdotas:
algunas imposibles de publicar, otras disparatadas, algunas
cargadas de humor y otras atravesadas por la nostalgia.
A veces lo invadía el cansancio.
Repetía historias. Volvía sobre episodios
que la memoria elegía conservar mientras el tiempo
empezaba a reclamar su parte.
Pero allí estaba el dirigente y
también estaba el hombre.
Jesús Fernando "Cacho"
Angioi formó parte de una generación de
dirigentes peronistas que, según quienes compartieron
aquellos años de militancia, entendían la
política desde el territorio y el vínculo
personal.
Su historia comenzó también
desde el mundo del trabajo. Fue dirigente de la Asociación
Bancaria, donde llegó a ocupar responsabilidades
dentro de la organización gremial en la Zona Norte,
una experiencia que muchos señalan como una de
las claves de su estilo político: el diálogo,
la negociación y el conocimiento directo de las
necesidades de la gente.
En la década del setenta tuvo responsabilidades
en la gestión municipal como secretario de Acción
Social, en tiempos donde el vínculo entre el funcionario
y el vecino era fundamentalmente personal.
Con el regreso de la democracia tuvo un
papel protagónico dentro del justicialismo local.
Tras imponerse en la interna partidaria frente a otros
sectores del peronismo escobarense, fue candidato a intendente
en las elecciones de 1983, las primeras después
de la dictadura, enfrentando al radical Oscar Larghi.
Aunque aquella elección no terminó
con su triunfo, marcó el comienzo de una larga
trayectoria institucional. A lo largo de los años
fue electo concejal en tres oportunidades y llegó
a presidir el Honorable Concejo Deliberante durante la
intendencia de Fernando Valle.
Pero más allá de los cargos,
su nombre quedó especialmente ligado a Garín.
Fue uno de los dirigentes que sostuvo durante años
la idea de la autonomía de esa localidad, convencido
que su identidad y crecimiento merecían una representación
propia.
Horacio Fandiño, militante peronista
que lo conoció desde aquellos primeros años
de la recuperación democrática, lo recordó
como un dirigente cercano a la gente:
"Era un tipo entrador, ayudaba mucho a quien lo necesitaba
y especialmente en su localidad, Garín. Su experiencia
gremial lo ponía en un escalón mayor del
resto de la dirigencia. Le decíamos maestro por
sus enseñanzas".
También recordó aquella campaña de
1983, cuando con apenas 19 años participó
de su primera fiscalización junto a Angioi, y destacó
una característica que muchos reconocen incluso
quienes no compartieron sus posiciones políticas:
la capacidad de sostener códigos y vínculos
personales.
Javier Pérez también recordó
esa faceta personal de Angioi:
"Era muy carismático. Podía ser amado
y cuestionado con la misma intensidad, pero dentro de
la militancia era profundamente respetado. Un día
apareció en mi casa y me propuso trabajar en el
Concejo Deliberante. Esa decisión cambió
una parte de mi vida. Aprendí mucho de él.
Fue un dirigente generoso, de esos que transmitían
experiencia y abrían caminos para otros".
No pretendo juzgarlo ni
purificarlo
Creo que perdimos la oportunidad de aprovechar más
a un dirigente cuyos errores, como los de cualquier ser
humano, muchas veces terminaron opacando sus virtudes.
Pero también creo que se llevó de este mundo
algo que no todos consiguen: el respeto de muchos, no
necesariamente de todos, como también señala
Pérez, y el reconocimiento general que era un hombre
que cuidaba los códigos, que sostenía su
palabra y que permitía que quien entraba a su despacho
saliera con una certeza: había recibido un sí
o un no, pero siempre desde la convicción.
Con Jesús "Cacho" Angioi no solamente
se despide un dirigente histórico del peronismo
escobarense. También se despide una manera de entender
la política. Una forma nacida en otros tiempos,
con otros códigos y otra manera de vincularse.
No se trata de juzgarla ni compararla con el presente,
porque cada época tiene sus propias reglas. Se
trata simplemente de reconocer que hubo dirigentes que
construyeron su historia caminando las calles, escuchando
a la gente y sosteniendo el valor de la palabra.
Una época donde los dirigentes
tenían rostros, nombres, historias compartidas
y una costumbre que hoy parece lejana: sentarse a conversar.
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