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El ojo del loro | Humor político
"Al buscar la verdad se corre el riesgo
de encontrarla" |
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Cuando el cuento entra
en reserva
El combustible de la
política es creer
que nadie piensa

Una familia detenida
en medio de la nada ayuda a entender por qué
ciertos relatos políticos terminan quedándose
sin combustible.
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11 de junio de 2026

Fuente del contenido |
@escobarsite
Autor |
The Father of de Loris
Sobre la firma
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Hay explicaciones que aclaran un problema.
Y hay otras que consiguen algo mucho más difícil:
transformar el problema en una leyenda.
En los últimos días escuchamos de todo.
Ahorros en negro durante años. Ganancias extraordinarias
en criptomonedas. Dinero encontrado. Declaraciones juradas.
Justificaciones. Defensas. Contraataques. Indignaciones.
Y en algún momento apareció una frase que
parecía salida de una sobremesa familiar:
-Encontramos una plata con mi hermano.
Fue entonces que esa historia me llevó muchos años
atrás.
Tendría unos diez años cuando mi familia
decidió recorrer Córdoba en un viejo Di
Tella. Un día a mi padre se le ocurrió conocer
la casa de Illia. Recuerdo la ruta interminable, el sol
pegando sobre el asfalto, los pastizales secos y kilómetros
de nada.
En un momento mi madre miró el tablero.
-Estamos casi sin nafta. Poco después apareció
una estación de servicio.
-Cargá ahora. Mi padre observó el cartel
y negó con la cabeza.
-No. No es YPF.
Mi madre insistió.
-Nos vamos a quedar.
-Aunque sea una moneda, prefiero que mi plata quede en
esta tierra.
La frase sonó patriótica. Convincente. Casi
épica. Durante unos veinte kilómetros. Después
nos quedamos efectivamente en esa tierra.
Bajo un sol implacable. En medio de la nada. Con tres
chicos aburridos, un auto inmóvil y una mujer cuya
paciencia había agotado todas las reservas estratégicas.
Mi viejo era muchas cosas. Entre ellas,
extraordinariamente testarudo. Pero hay algo que jamás
hizo.
Nunca pidió a otros que pagaran
el costo de una convicción que él no estuviera
dispuesto a pagar primero.
Por eso algunas explicaciones actuales generan más
ruido que indignación. No porque la gente sea ingenua.
Todo lo contrario.
Porque todavía existe memoria. Porque todavía
hay ciudadanos capaces de distinguir entre una convicción
y una coartada.
Hubo épocas en que los reyes dictaban leyes después
de cometer los hechos. Primero ocurría la tropelía.
Después aparecía el escriba encargado de
demostrar que aquello había sido perfectamente
legal.
La humanidad progresó mucho desde entonces.
Ahora primero aparece el patrimonio, después la
explicación, luego los defensores, más tarde
los especialistas y finalmente la indignación contra
quienes hacen preguntas.
La secuencia es impecable. Lo único que suele fallar
es el cálculo sobre la inteligencia de los ciudadanos.
Existe una vieja costumbre en la política argentina:
asumir que la gente olvidará, creerá o simplemente
dejará pasar.
A veces funciona. Hasta que deja de funcionar.
Porque subestimar la inteligencia colectiva es como ignorar
el indicador de combustible en una ruta desierta. Durante
un tiempo parece que todo marcha perfectamente. Hasta
que el motor se detiene.
Y entonces ya no alcanza con explicar que la nafta apareció
sola, que el tanque tenía criptomonedas o que alguien
encontró un tesoro enterrado en el fondo.
La realidad tiene un defecto insoportable. Siempre termina
llegando.
Y cuando llega, suele hacerlo con preguntas a quemarropa:
¿Quién les hizo creer que
todavía podían contar esos cuentos sin que
nadie sonriera?
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Recomendación
Las historias narradas en esta columna son producto de la imaginación
del autor y, en ocasiones, pueden estar basadas en eventos reales
o inspiradas en situaciones de la vida cotidiana.
Si bien se han tomado ciertas libertades creativas para construir
los relatos, es importante destacar que cualquier parecido con
personas reales, vivas o fallecidas, o con eventos que hayan ocurrido
o puedan ocurrir, es pura coincidencia.
Además, el autor utiliza recursos gramaticales no convencionales
con el objetivo de lograr efectos específicos sobre el
lector, explorando distintas técnicas narrativas para transmitir
emociones, generar atmósferas o crear suspenso. Por lo
tanto, la experiencia de lectura puede variar según la
interpretación individual de cada uno.
Se advierte que el contenido de esta narrativa puede ser impactante,
sorprendente o incluso perturbador. Por ello, se recomienda la
discreción del lector y se lee bajo su propio riesgo.
Sin embargo, también se lo
invita a sumergirse en las páginas de estas historias con
mente abierta y disposición para explorar nuevos mundos,
descubrir emociones y reflexionar sobre la naturaleza humana y
el universo que nos rodea.
¡Que disfrutes de la lectura!
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