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Vos te preguntabas por qué te costaba
tanto desarrollarte.
Y quizá la respuesta no esté solo en tu
historia personal, sino en esa repetición absurda
que solemos llamar "país".
La pescadilla se muerde la cola y, en
ese movimiento infinito, queda el tendal: personas que
no pudieron ser, proyectos que nunca arrancaron, empresas
que se achicaron o directamente se fueron. No por falta
de ideas, sino por exceso de cargas.
Análisis casero
Cuando a vos no te dan los números,
hacés una de dos cosas: trabajás más
o te achicás.
Pero no salís a buscarle la billetera al vecino.
El problema es que el Estado -en sus tres niveles- sí
encontró ahí una solución permanente.
Argentina lidera el ranking de presión
fiscal sobre el sector formal. No solo a nivel nacional,
sino también subnacional. Comparada con más
de 30 países (OCDE y otros), es prácticamente
el único caso donde una tasa municipal puede ser
tan gravosa como un impuesto provincial.
Ingresos Brutos y la Tasa de Seguridad
e Higiene se calculan sobre la misma base: los ingresos.
Es decir, se cobra varias veces sobre lo mismo. Y cuando
ya no alcanza, aparece la creatividad tributaria.
Gas, combustible y la
factura infinita
En varios municipios bonaerenses -entre
ellos Escobar, Pilar, Moreno e Ituzaingó- una tasa
municipal se cuela en la factura del gas y encarece el
servicio cerca de un 10%. A eso se suma un 4% provincial
destinado a un fondo de obras de gas. Todo junto, todo
cargado a la boleta, bajo el eufemismo de "percepciones
por manda judicial".
La discusión llegó a la
Justicia luego de que Nación intentara prohibir
la inclusión de cargos ajenos al servicio. Los
municipios respondieron con cautelares, la provincia acompañó
y la Corte Suprema, por ahora, observa desde la tribuna.
El resultado es sencillo: el usuario paga
más, independientemente de quién tenga razón
jurídica.
A este esquema se suma otro impuesto silencioso
pero igual de efectivo: el que grava los combustibles
a nivel local en varios distritos. Y el efecto dominó
es conocido: si sube el combustible, sube el transporte;
si sube el transporte, sube todo. Y cuando todo sube,
el salario siempre llega tarde.
Pilar como caso testigo
Si alguien quiere entender la voracidad
recaudatoria municipal, Pilar se convirtió en un
manual de estudio.
La Ordenanza Fiscal 2026 enumera 27 tasas
distintas, además de derechos, contribuciones,
fondos especiales, plusvalías y cargos que se superponen
como capas geológicas. A la clásica Tasa
de Seguridad e Higiene se le sumaron la Dipel -cuestionada
por empresarios por su carácter presuntamente confiscatorio-,
la de Mantenimiento Vial, la de Protección Ambiental
y otras que cambian de nombre, pero no de efecto.
La más polémica es justamente
esta última: la Tasa de Protección Ambiental
pasó de calcularse por módulos a representar
el 2% de la facturación de supermercados e hipermercados.
En la práctica, un Ingresos Brutos municipal encubierto.
Lo paga el comercio, pero lo termina abonando el consumidor.
Nada de esto es inocuo. Cada vez más
bancos, industrias y comercios revisan su presencia territorial
ante la disparidad de criterios tributarios entre municipios.
Mientras algunos suben la presión, otros -con más
visión estratégica- anuncian rebajas para
atraer inversiones.
El combo
IVA, Ingresos Brutos provincial, TISH
municipal, tasas especiales, impuestos internos, combustibles.
En alimentos, la carga ronda el 42%.
En bebidas, el 48%.
En indumentaria, el 50%.
En autos económicos, supera el 54%.
No es ideología. Es matemática.
Política, negocios
y la tribuna
Nada de esto ocurre en el vacío.
La política local, las alianzas empresarias, los
silencios convenientes y hasta el fútbol funcionan
como lubricante del sistema. Mientras se discute el sexo
de los ángeles y obras que siempre "están
por empezar", la presión fiscal se naturaliza.
El Concejo Deliberante aprueba.
Las asambleas de "mayores contribuyentes" convalidan.
La Justicia tolera.
Y el contribuyente paga.
Democracia formal. Control
real, ausente.
Las grandes empresas bajan el perfil.
Las pymes no pueden. Algunas se van. Otras achican. Otras
cierran. Y después nos preguntamos por qué
hay menos trabajo.
El costo argentino, versión
municipal
Más del 80% de las tasas municipales
no tiene contraprestación clara. Más de
la mitad no guarda relación directa con el servicio
recibido. Y un tercio genera doble imposición.
En la mayoría de los países, esto sería
una anomalía. Acá, es rutina.
No sorprende entonces que Argentina tenga
una de las menores densidades empresarias por habitante.
Ni que plantas industriales enteras se muden o desaparezcan.
El gasto municipal ya roza el 10% del
gasto público consolidado. Crece incluso cuando
la economía no lo hace. Y cuando faltan fondos,
la respuesta rara vez es ajustar el gasto: casi siempre
es inventar una tasa nueva.
Cierre
Vos te preguntabas por qué te costaba
tanto desarrollarte.
Y quizá la respuesta no esté solo en tu
historia personal, sino en un sistema que necesita que
no lo hagas.
Porque un ciudadano que despega, que perfora
el techo, que descubre que hay vida más allá
del peaje permanente, empieza a pensar. Y cuando piensa,
elige. Y cuando elige, deja de ser previsible.
Algo en el enfoque está profundamente
desequilibrado. Las razones pueden variar -incapacidad,
ineficiencia, mala praxis o corrupción-, pero todas
conducen al mismo paisaje: una economía que tropieza
siempre con la misma piedra, aunque le cambiemos el nombre
al modelo.
Muchos dicen admirar el "modelo del
Tío Sam". Pero conviene entenderlo bien.
En el capitalismo americano, cuando el mercado corre,
se le pone freno; cuando se duerme, se lo despierta con
dinero público. Y si se enferma, el Estado le cubre la
internación. Una mezcla curiosa de liberalismo y tutela
paternal.
Pero acá la cosa es distinta: cuando corre, le tiran piedras;
cuando se duerme, se aprovechan para robarle los ahorros
de la mesita de luz; y cuando se enferma, le subsidian
el cajón.
No es ideología.
Es matemática.
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