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No es ideología. Es matemática.


Cuando el Estado deja de cobrar impuestos y empieza a cobrar peajes

Todo suma al caos, todo resta al bolsillo, todo indigna
Pero nadie se sonroja



14 de enero de 2026

Autor | @escobarsite N de la R

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Vos te preguntabas por qué te costaba tanto desarrollarte.
Y quizá la respuesta no esté solo en tu historia personal, sino en esa repetición absurda que solemos llamar "país".

La pescadilla se muerde la cola y, en ese movimiento infinito, queda el tendal: personas que no pudieron ser, proyectos que nunca arrancaron, empresas que se achicaron o directamente se fueron. No por falta de ideas, sino por exceso de cargas.

Análisis casero

Cuando a vos no te dan los números, hacés una de dos cosas: trabajás más o te achicás.
Pero no salís a buscarle la billetera al vecino. El problema es que el Estado -en sus tres niveles- sí encontró ahí una solución permanente.

Argentina lidera el ranking de presión fiscal sobre el sector formal. No solo a nivel nacional, sino también subnacional. Comparada con más de 30 países (OCDE y otros), es prácticamente el único caso donde una tasa municipal puede ser tan gravosa como un impuesto provincial.

Ingresos Brutos y la Tasa de Seguridad e Higiene se calculan sobre la misma base: los ingresos. Es decir, se cobra varias veces sobre lo mismo. Y cuando ya no alcanza, aparece la creatividad tributaria.

Gas, combustible y la factura infinita

En varios municipios bonaerenses -entre ellos Escobar, Pilar, Moreno e Ituzaingó- una tasa municipal se cuela en la factura del gas y encarece el servicio cerca de un 10%. A eso se suma un 4% provincial destinado a un fondo de obras de gas. Todo junto, todo cargado a la boleta, bajo el eufemismo de "percepciones por manda judicial".

La discusión llegó a la Justicia luego de que Nación intentara prohibir la inclusión de cargos ajenos al servicio. Los municipios respondieron con cautelares, la provincia acompañó y la Corte Suprema, por ahora, observa desde la tribuna.

El resultado es sencillo: el usuario paga más, independientemente de quién tenga razón jurídica.

A este esquema se suma otro impuesto silencioso pero igual de efectivo: el que grava los combustibles a nivel local en varios distritos. Y el efecto dominó es conocido: si sube el combustible, sube el transporte; si sube el transporte, sube todo. Y cuando todo sube, el salario siempre llega tarde.

Pilar como caso testigo

Si alguien quiere entender la voracidad recaudatoria municipal, Pilar se convirtió en un manual de estudio.

La Ordenanza Fiscal 2026 enumera 27 tasas distintas, además de derechos, contribuciones, fondos especiales, plusvalías y cargos que se superponen como capas geológicas. A la clásica Tasa de Seguridad e Higiene se le sumaron la Dipel -cuestionada por empresarios por su carácter presuntamente confiscatorio-, la de Mantenimiento Vial, la de Protección Ambiental y otras que cambian de nombre, pero no de efecto.

La más polémica es justamente esta última: la Tasa de Protección Ambiental pasó de calcularse por módulos a representar el 2% de la facturación de supermercados e hipermercados. En la práctica, un Ingresos Brutos municipal encubierto. Lo paga el comercio, pero lo termina abonando el consumidor.

Nada de esto es inocuo. Cada vez más bancos, industrias y comercios revisan su presencia territorial ante la disparidad de criterios tributarios entre municipios. Mientras algunos suben la presión, otros -con más visión estratégica- anuncian rebajas para atraer inversiones.

El combo

IVA, Ingresos Brutos provincial, TISH municipal, tasas especiales, impuestos internos, combustibles.

En alimentos, la carga ronda el 42%.
En bebidas, el 48%.
En indumentaria, el 50%.
En autos económicos, supera el 54%.

No es ideología. Es matemática.

Política, negocios y la tribuna

Nada de esto ocurre en el vacío. La política local, las alianzas empresarias, los silencios convenientes y hasta el fútbol funcionan como lubricante del sistema. Mientras se discute el sexo de los ángeles y obras que siempre "están por empezar", la presión fiscal se naturaliza.

El Concejo Deliberante aprueba.
Las asambleas de "mayores contribuyentes" convalidan.
La Justicia tolera.
Y el contribuyente paga.

Democracia formal. Control real, ausente.

Las grandes empresas bajan el perfil. Las pymes no pueden. Algunas se van. Otras achican. Otras cierran. Y después nos preguntamos por qué hay menos trabajo.

El costo argentino, versión municipal

Más del 80% de las tasas municipales no tiene contraprestación clara. Más de la mitad no guarda relación directa con el servicio recibido. Y un tercio genera doble imposición. En la mayoría de los países, esto sería una anomalía. Acá, es rutina.

No sorprende entonces que Argentina tenga una de las menores densidades empresarias por habitante. Ni que plantas industriales enteras se muden o desaparezcan.

El gasto municipal ya roza el 10% del gasto público consolidado. Crece incluso cuando la economía no lo hace. Y cuando faltan fondos, la respuesta rara vez es ajustar el gasto: casi siempre es inventar una tasa nueva.

Cierre

Vos te preguntabas por qué te costaba tanto desarrollarte.
Y quizá la respuesta no esté solo en tu historia personal, sino en un sistema que necesita que no lo hagas.

Porque un ciudadano que despega, que perfora el techo, que descubre que hay vida más allá del peaje permanente, empieza a pensar. Y cuando piensa, elige. Y cuando elige, deja de ser previsible.

Algo en el enfoque está profundamente desequilibrado. Las razones pueden variar -incapacidad, ineficiencia, mala praxis o corrupción-, pero todas conducen al mismo paisaje: una economía que tropieza siempre con la misma piedra, aunque le cambiemos el nombre al modelo.

Muchos dicen admirar el "modelo del Tío Sam". Pero conviene entenderlo bien.

En el capitalismo americano, cuando el mercado corre, se le pone freno; cuando se duerme, se lo despierta con dinero público. Y si se enferma, el Estado le cubre la internación. Una mezcla curiosa de liberalismo y tutela paternal.

Pero acá la cosa es distinta: cuando corre, le tiran piedras; cuando se duerme, se aprovechan para robarle los ahorros de la mesita de luz; y cuando se enferma, le subsidian el cajón.

No es ideología.
Es matemática.


 








 


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