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La VTV:


Cuando la seguridad se convierte en negocio

Si la VTV es tan determinante para evitar accidentes, ¿dónde están los resultados visibles después de décadas de aplicación?


6 de junio de 2026

Fuente del contenido | N de la R / @escobarsite


Cada gobierno encuentra una bandera moral para justificar nuevos controles. En teoría, la Verificación Técnica Vehicular nació para proteger vidas. La idea parece indiscutible: revisar el estado mecánico de los vehículos para reducir accidentes.

Sin embargo, en Argentina existe una vieja costumbre: tomar una idea razonable y transformarla en una caja de recaudación.

La discusión actual entre el gobierno nacional y la provincia de Buenos Aires expone precisamente eso. Mientras Nación busca abrir el sistema a talleres habilitados y terminar con el esquema cerrado de concesiones, la Provincia se niega a adherir argumentando razones de seguridad vial.

Pero detrás de las declaraciones aparece una pregunta elemental: ¿la VTV actual está salvando vidas o está preservando un negocio?

Después de años de verificaciones obligatorias, los argentinos siguen transitando rutas deterioradas, banquinas inexistentes, señalización deficiente y autopistas con mantenimiento desigual. Los conductores pagan combustibles cargados de impuestos, peajes, patentes, seguros obligatorios y verificaciones técnicas. Sin embargo, el estado general de gran parte de la infraestructura vial continúa siendo alarmante.

La paradoja es brutal

Se exige al ciudadano demostrar que su vehículo está en condiciones mientras el propio Estado circula sobre caminos que muchas veces no lo están.

Si la VTV fuera la herramienta decisiva que algunos funcionarios describen, las estadísticas deberían mostrar una reducción contundente de accidentes vinculados a fallas mecánicas. Sin embargo, diversos estudios de seguridad vial realizados durante años en distintos países coinciden en que la principal causa de los siniestros graves suele estar relacionada con errores humanos, exceso de velocidad, distracciones, consumo de alcohol o condiciones del camino, mientras que las fallas mecánicas representan una proporción mucho menor.

Eso no significa que la revisión técnica sea inútil.

Significa que se la presenta como una solución mucho más poderosa de lo que realmente es.

El problema se agrava cuando aparecen sistemas cerrados de concesiones, cupos limitados de plantas habilitadas y tarifas reguladas por estructuras políticas. Allí la prevención deja de ser el centro de la discusión y comienza a aparecer la sospecha de que el verdadero objetivo es preservar una fuente permanente de ingresos.

Los argentinos conocen bien este mecanismo.

Ocurrió durante décadas con los registros del automotor. Ocurrió con numerosos organismos creados para simplificar trámites que terminaron multiplicando costos. Y ocurre cada vez que una función estatal se vuelve indispensable para el ciudadano pero rentable para quien la administra.

Por eso el debate no debería ser "VTV sí o VTV no".

La discusión real es otra.

¿Quién controla a quienes controlan?

¿Dónde termina el interés público y dónde comienza el negocio privado protegido por el Estado?

Porque si la prioridad fuera exclusivamente la seguridad vial, el país estaría discutiendo simultáneamente el estado de las rutas, la educación vial, la señalización, la iluminación, el control del alcohol al volante y la modernización del parque automotor.

Sin embargo, el foco parece estar puesto en quién cobra la oblea.

Y cuando una discusión técnica termina reducida a una pelea por quién administra la caja, es legítimo sospechar que la seguridad vial dejó hace tiempo de ser la verdadera protagonista.

Al final, la VTV corre el riesgo de convertirse en un símbolo muy argentino: una medida nacida con una finalidad noble que terminó atrapada entre la burocracia, la política y los intereses económicos. Y cuando eso sucede, el ciudadano deja de verla como una protección y comienza a verla como otro peaje más en el largo camino de sostener un Estado que siempre encuentra nuevas formas de cobrar, pero pocas de devolver.

 


 

 











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