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Primero aparece el cansancio. Después,
el desencanto. Más tarde, alguien consigue ponerle
palabras a ese malestar y finalmente aparece el candidato.
De cara a 2027, todavía estamos en la primera parte
de ese proceso.
Los datos conocidos durante los últimos
meses permiten observar un fenómeno que merece
atención: una parte importante de la sociedad no
quiere volver al pasado, pero tampoco parece dispuesta
a otorgarle un cheque en blanco al presente.
Ahí aparece un territorio político
todavía sin dueño. No necesariamente es
el centro. Tampoco es una nueva versión de la vieja
"avenida del medio". Es, antes que nada, un
electorado que busca otra respuesta.
Cuando una mayoría
se cansa: La historia reciente ofrece algunos ejemplos.
En 1999, la Alianza consiguió transformar
el agotamiento del menemismo en una expectativa de cambio.
En 2015, Cambiemos hizo algo parecido frente al desgaste
del kirchnerismo.
En 2023, Javier Milei llevó esa lógica mucho
más lejos: convirtió el rechazo a buena
parte de la dirigencia tradicional en el eje de una propuesta
de ruptura.
Las circunstancias fueron diferentes, pero hubo un elemento
común. Una parte significativa de la sociedad dejó
de creer que el sistema vigente podía ofrecerle
una respuesta.
Eso es lo que vuelve interesante el escenario
actual.
No porque exista ya una alternativa consolidada,
sino porque vuelve a aparecer una pregunta que suele anticipar
los cambios políticos:
¿Qué ocurre cuando una sociedad
deja de sentirse representada por las opciones disponibles?
El espacio que todavía
no tiene nombre: Hoy aparecen señales contradictorias.
El peronismo conserva una estructura política
considerable, pero arrastra un nivel de rechazo que dificulta
imaginar un regreso sencillo al pasado.
El gobierno de Milei, por su parte, mantiene una base
electoral importante, pero comienza a enfrentar el desgaste
natural de gobernar y las expectativas que genera una
transformación tan profunda.
Entre ambos aparece un espacio. Todavía no tiene
candidato. Tampoco tiene una identidad definida. Y ni
siquiera está claro que termine convirtiéndose
en una fuerza electoral.
Pero existe algo que en
política puede ser incluso más importante
que una estructura: "la disponibilidad de un electorado".
Por eso empiezan a aparecer los globos
de ensayo.
Nombres conocidos que vuelven a circular,
dirigentes que intentan diferenciarse de los dos grandes
polos, periodistas que son medidos en encuestas y figuras
que hasta hace poco parecían imposibles de imaginar
en una boleta electoral.
No todos llegarán. Probablemente
casi ninguno. Pero su aparición dice algo sobre
el clima de época.
Cuando el insulto se convierte
en bandera
Una historia ocurrida este año
en la India ofrece una imagen casi absurda, pero políticamente
reveladora.
El llamado "Cockroach Janta Party", el "Partido
de las Cucarachas", nació como una respuesta
satírica de jóvenes indios después
que el presidente de la Corte Suprema utilizara el término
"cucarachas" para referirse despectivamente
a jóvenes desempleados.
El insulto fue convertido
en identidad.
El movimiento comenzó en las redes
sociales y creció alrededor de la indignación
provocada por las filtraciones del examen nacional de
ingreso a las carreras de Medicina, un escándalo
que afectó a unos 2,3 millones de estudiantes.
En pocas semanas llegó a superar los 20 millones
de seguidores en Instagram y terminó convirtiéndose
en un movimiento de protesta con presencia en las calles.
Su historia tuvo incluso consecuencias políticas:
las protestas terminaron presionando al gobierno de Narendra
Modi y el ministro de Educación, Dharmendra Pradhan,
dejó su cargo en julio.
La anécdota puede parecer lejana. La enseñanza,
no tanto. Cuando una sociedad acumula frustración,
no siempre encuentra una respuesta dentro de los canales
políticos tradicionales. A veces inventa otra:
Un nombre. Un símbolo. Un lenguaje. Y, eventualmente,
una representación.
La elección que
todavía no empezó
Quizás por eso sea prematuro hablar
de una tercera fuerza para 2027. Primero tendrá
que aparecer algo más difícil de construir
que una candidatura: "un motivo para votar distinto".
Porque
el elector que no quiere volver al pasado no necesariamente
está enamorado del presente.
Y el que cuestiona al presente tampoco necesariamente
quiere regresar al pasado.
Ese espacio intermedio no se define por
una ideología común. Se define por una experiencia
común: el cansancio de las respuestas conocidas.
La pregunta, entonces, no es quién
ocupará la famosa ancha avenida del medio.
La verdadera pregunta es quién será capaz
de convencer a quienes todavía la están
recorriendo sin encontrar a nadie que los represente.
Porque las elecciones suelen ganarse cuando aparece un
candidato. Pero los cambios políticos empiezan
mucho antes: "Cuando una sociedad comienza a buscar
una respuesta que todavía no sabe cómo llamar".
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